Antes de aplicar el tratamiento, la pintura queda expuesta a la lluvia, suciedad, polvo y contaminantes que se adhieren fácilmente y van apagando el brillo con el tiempo.
El agua no resbala bien y puede dejar marcas que, poco a poco, deterioran la superficie y hacen que el coche pierda ese aspecto impecable que tanto nos gusta.
Después del tratamiento cerámico, la pintura queda protegida con una capa invisible que repele el agua y la suciedad, facilitando la limpieza y manteniendo un brillo espectacular
Además de verse más intenso y profundo, el color se conserva mejor frente al sol y al desgaste diario, ayudando a que su coche luzca como nuevo durante más tiempo.